El día en que sus hijos, unos gemelos superdotados, se marchan a la universidad, Eva cruza la puerta de su casa y se mete en la cama en pleno día. No está enferma. No está cansada. Y, desde luego, no tiene una aventura. Simplemente, ha llegado el momento de decir basta. Una novela delirante y profunda sobre lo que sucede cuando alguien deja de ser lo que los demás desean que sea. Una sátira brillante sobre la familia y la sociedad modernas.


¡Hola Bellos y Bellas! Espero que estéis disfrutando del verano y que no paséis mucha calor. Hoy es lunes y los lunes toca reseña. Ya me diréis que os parece.

¿Alguna vez habéis tenido el deseo de meteros en la cama y no salir? Seguro que sí, todos hemos tenido la tentación de huir de todo en algún momento de nuestra vida.



Pues Bea, nuestra protagonista, lo hace. Un día se harta y se mete en la cama. Éste hecho trastoca completamente la familia, Bea era el pilar, se ocupaba de todo. Y la verdad es que no la valoran. Vemos que era la perfecta esposa, madre y ama de casa. A pesar de que su marido deja mucho que desear y sus hijos son un tanto raros y no parece que la quieran mucho. 


Es difícil empatizar con Bea, yo no he terminado de entenderla. Si tu vida no te gusta, cambia, pero meterte en la cama un año… no sé, me parece que se le va bastante la cabeza y está muy cerca de volverse loca pese a la coherencia de su discurso. 



No puedo decir que los personajes me hayan gustado, son raros y pintorescos (pero raros, raros) y aunque tienen un cierto encanto, no me he encariñado con ellos. La verdad es que al ser tan extraños no he conseguido empatizar con ellos. Con Eva al principio, pero tampoco demasiado (quizás porque yo habría actuado de forma MUY distinta)

No puedo animaros a que lo leáis porque a mí me ha dejado indiferente.