Urdida en torno a la situación límite de una treintena de muchachos en una isla desierta, El Señor de las Moscas es una magnífica novela que admite lecturas diferentes e incluso opuestas. En efecto, si algunos pueden ver en esta indagación de William Golding en la condición humana la ilustración de que la agresividad criminal se halla entre los instintos básicos del hombre, otros podrán considerarla como una parábola que cuestiona un tipo de educación represiva que no hace sino incubar explosiones de barbarie prestas a estallar en cuanto los controles se relajan.

La novela que os traigo hoy es "El señor de las moscas" pero también podría llamarse "Tengo unas ganas locas de liarme a hostias con estos críos". La historia nos traslada a una isla desierta donde tras un accidente de avión han ido a parar un grupo de niños pequeños que han logrado sobrevivir. Al llegar a la isla los pequeños se organizan y nombran como líder a Ralph, uno de los niños que se muestra bastante sensato y que con la ayuda de otro de los niños, Piggy, organiza al grupo para construir un refugio y para encender una hoguera que facilite que los puedan encontrar. Sin embargo, hay otro de los niños que tiene una visión distinta a la de Ralph y que decide dedicarse a cazar.

En la novela vemos como los niños organizan una pequeña comunidad que comienza a deteriorarse poco a poco, los niños van sacando poco a poco lo peor de ellos mismos hasta deshumanizarse por completo. Es una historia angustiosa, hay muchos momentos en los que he tenido ganas de meterme en el libro para llevarme a algunos de los niños y sacarlos de esa maldita isla.

Pienso que nos encontramos ante una crítica hacia la naturaleza humana, hacia lo fácil que puede ser dejarse llevar por los instintos más violentos. Te hace reflexionar sobre si realmente somos malvados y salvajes y es la sociedad la que nos obliga a controlarnos. 

Recomiendo la obra ya que me parece muy reflexiva, es entretenida y te mantiene enganchado des de el principio.