Manuel acuchilla a un policía antidisturbios que quería pegarle. Huye. Se esconde en una aldea abandonada. Sobrevive de libros Austral, vegetales de los alrededores, una pequeña compra en el Lidl que le envía su tío. Y se da cuenta de que cuanto menos tiene, menos necesita. Un thriller estático, una versión de Robinson Crusoe ambientada en la España vacía, una redefinición del concepto «austeridad». Una historia que nos hace plantearnos si los únicos sanos son los que saben que esta sociedad está enferma. Santiago Lorenzo ha escrito su novela más rabiosamente política, lírica y hermosa.

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Es difícil escribir una reseña que le haga justicia a esta novela. Puedo decir que es una de las obras más peculiares que he leído este año y también una de las que más me han hecho reflexionar.
Manuel es nuestro protagonista, un hombre que vive en Madrid con un trabajo precario con el que gana lo justo para malvivir y pagarse un piso pequeño, viejo y en mal estado a un precio absurdamente elevado. Ya con esta descripción nos damos cuenta de algo: Manuel podemos ser todas. Pero la vida aún se ceba más con Manuel. Un día sale de su portería y se encuentra con que la policía está cargando contra unos manifestantes (oh, esto tampoco me suena de nada) y uno de los antidisturbios al verle salir del portal arremete contra él. De nada sirve que Manuel no haya hecho absolutamente nada, el antidisturbios está dispuesto a pegarle una paliza. Ante lo injusto de la situación sufre un arrebato de ira y se defiende clavando un destornillador en el cuello del policía. Sin saber si estaba vivo o muerto, huye. Conoce el sistema suficiente para saber que le darán la razón al policía pese a haber sido un acto de defensa. Manuel corre a casa de su tío (narrador de esta historia) y ambos trazan un plan. Manuel se marcha a un pueblo fantasma de los que abundan por nuestra demografía y allí se establece.
Este es el punto de partida para adentrarnos en el tema principal de la novela, que desde mi punto de vista no es otro que la naturaleza humana. La obra es una crítica a la sociedad en que vivimos, una sociedad superficial y a todas luces enferma. La novela interpela al lector. Nos muestra situaciones en las que todos podemos identificarnos y las ridiculiza. Te hace ver lo ridículos que somos en general. Lo poco que necesitamos realmente y lo engañados que estamos.
Es una novela que recomiendo encarecidamente. Los libros que te hacen pensar, reflexionar, dudar o cuestionarte cosas son siempre necesarios, sobretodo en los tiempos tan convulsos que nos han tocado vivir.
No es una historia con una trama trepidante o con giros argumentales sorprendentes. Sin embargo eso no significa que se haga pesada, al contrario, es muy divertida (y con unas ideas para fastidiar al prójimo muy curiosas).
100% recomendable.