¡Hola a todos!

Cómo ya comenté para el cumpleaños de Adrián le regalé una escapada de fin de semana a Dublín y en mayo nos fuimos. El vuelo de ida fue accidentado, yo pensaba que salíamos del aeropuerto de Barcelona, pero no, salía de Girona. Así que para poder ir teníamos que coger el coche y recorrer un trayecto de 50 minutos. En principio tendríamos que llegar a las 19 a Dublín y la idea era ir a dejar las cosas al apartamento de Airbnb e irnos a cenar. Pero el avión se retrasó y terminamos llegando a las 22 de la noche. Nos costó encontrar un sitio para cenar, pero al final encontramos un restaurante asiático con comida para llevar y nos compramos un par de platos para cenar en el apartamento.

La mañana del sábado habíamos cogido una ruta guiada por la ciudad. Esas rutas me encantan y siempre intento hacer alguna cuando voy de escapada a una ciudad ya que te enseñan lo más importante. Fueron dos horas y media caminando y pudimos ver varios lugares importantes, la escultura de Molly Malone, el Trinity College y las dos catedrales principales: la de la Santísima Trinidad y la de San Patricio. La guía nos fue explicando la historia de la ciudad y dando consejos sobre que visitar.

Tras la ruta nos fuimos a comer a un pub irlandés que nos había recomendado la guía y pedimos un estofado de cordero con salsa de cerveza Guiness y un postre con licor baileys. Estaba todo bueno pero reconozco que el punto fuerte de Dublín no era la gastronomía. Tras comer tuvimos que decidir cual de las dos catedrales visitar, pues no nos daba tiempo de hacer todo y decidimos ver la de San Patricio. La visita me gustó mucho, era con audioguía y contenía mucha información interesante y entretenida. Por la tarde seguimos paseando para ver las zonas de la ciudad que no habíamos podido ver y después de cenar quisimos ir a Temple Bar para ver el ambiente que había por allí por la noche. No nos quedamos mucho rato porque lo cierto es que estábamos agotados.

El domingo por la mañana fuimos a ver la biblioteca del Trinity College, una biblioteca tan antigua como hermosa. Además allí se encuentra el libro de Kells, una joya del cristianismo celta del siglo IX. La verdad es que la biblioteca es preciosa pero estaba muy llena de gente y no se podía disfrutar como merecía. Esto me fastidió un poco porque las entradas costaban 18 euros para luego no poder ni caminar con tranquilidad. 

Más tarde nos fuimos a comer y a visitar el Jardín Botánico y el Cementerio de Dublín. El cementerio me encantó, pasear por allí entre sus lápidas torcidas era como caminar por otra época. Lo cierto es que me encanta visitar ese tipo de cementerios antiguos. Tras pasear por el Jardín Botánico un buen rato cogimos un taxi para volver al aeropuerto. 

Durante los dos días fuimos a varios pubs irlandeses para tomar cerveza Guiness, la más típica allí, aunque lo cierto es que no me gustó demasiado. Nos trajimos varios tipos de chocolates y dulces y recuerdos. Compré varios puntos de libros para regalar (y alguno para mí), una pulsera para una amiga y un anillo. La verdad es que para el poquito tiempo que tuvimos pudimos ver muchas cosas y lo pasamos muy bien, aunque volvimos a Barcelona agotados.

Y esto ha sido todo, espero que os haya gustado 😊