La cultura japonesa siempre me ha llamado mucho la atención. Cuando era pequeña en Catalunya teníamos el canal K3 en el que básicamente ponían series ''infantiles'' en catalán. Pero lo que me gustaba era que ponían series anime en catalán y había unas cuantas que yo seguía y me encantaban. Entre ellas estaban Inu Yasha, Yu Yu Hakusho, Fushigi Yugi, Kamikaze Kaito Jeanne, entre otras. Pero encontrar merchandising sobre estas series que me gustaban tanto era algo complicado, sólo había una tienda pequeña de cómics cerca de casa y era demasiado pequeña para ir al centro de Barcelona a buscar otras más grandes. Por eso el Salón del Manga era un acontecimiento, un día que pasaba con mis amigas rodeada de tiendas llenas de objetos de todas esos animes que nos gustaban.

Cuando comencé a ir al salón se celebraba en La Farga y recuerdo las largas colas que se tenían que hacer para entrar y la gente disfrazada. No era un espacio muy grande y la verdad es que recuerdo el espacio atiborrado de tiendas y de gente. Recuerdo que comíamos ramen de bote y que en aquel entonces tampoco era habitual ni fácil de encontrar. Así que era un día especial.
Crecí y el salón por lo visto también creció y decidieron trasladarlo a Plaza España, al recinto de la Fira. Y allí sigue de momento.

Debo decir que desde mi humilde opinión el salón ha perdido la gracia que tenía, ha perdido su esencia. Ahora es un espacio más grande y yo lo siento más vacío. Puede que sea una percepción mía o puede que cada vez vayan menos tiendas, la verdad es que datos no tengo. Además de que ahora también ponen otras cosas que poco tienen que ver con el manga o el anime. Este año por ejemplo había todo un pabellón de Nintendo. Que sí, que Nintendo es una empresa japonesa, pero hay otros salones que son más adecuados cuando se trata de videojuegos.

Otro punto en contra es que la entrada ha subido de precio, ahora mismo cuesta 9€, que se dice pronto. El salón del manga es principalmente un lugar para consumir, para hacer compras, tener que pagar además una entrada de ese precio me parece abusivo.
Y luego está el tema de la comida. Es carísima. Recuerdo que antes con 2'5€ tenías el bol enorme de ramen y comías y ahora por menos de 10€ parece imposible. Encima este año no dejaban salir para poder ir a comer a otro sitio.

Me da pena porque era un evento que disfrutaba mucho, que esperaba con ganas y ahora creo que voy únicamente por la nostalgia.